De la muerte te puedo hablar porque sería comer con las nubes o cantar con las adelfas. Pero, si me voy contigo, me dirás que mejor nos callamos y vámonos a la cama que nada mejor que follar para olvidarse de la Parca. No me digas, no, que no quieres hablar de la muerte conmigo, la cama la dejaremos para luego; ahora salgamos de paseo, los negros presagios se llevan mejor recorriendo las aceras o frente a los escaparates de lo que ya no puedes comprar mas alimenta tus ojos voraces. Abre la puerta así, pasando tú primera, que yo te seguiré escaleras abajo y dejaremos que el portal nos escupa a la calle.

Luce el Sol, ya ves, y me alegra porque con su calorcillo de primavera se me escurre la muerte de la lengua, aunque sé que me persigue envuelta en la sombra que mi cuerpo, sin quererlo, proyecta.

¿No ves el halito fúnebre en los parterres cagados de chuchos y mendigantes? ¿No ves cómo me dejas la mano, como quien no quiere, y te alejas algo de mí, y eres ya sólo una paralela que me acompaña sin tocarme, sin decirme nada inteligible? Pues no entiendo ya lo que dices de pagar el alquiler o comprar una lavadora nueva. Sólo me llega el rumor o los rumores del mundo, de la ciudad o de la calle que vomita una hablilla insidiosa y ronca de pesadillas, pero no me tocan porque, como tú, son equidistantes a mis pasos.

Me pregunto por qué me hieren si ya no me alcanzan. Son la corrupción de la vida que no quiere verse reflejada en la muerte. Su innoble hacer decir tocar se extiende como una mancha de aceite por todas partes; la suciedad es lo de menos, la indignidad reina. Veo infantes futuros alargando sus manos pedigüeñas en los soportales, veo a las esposas ofreciendo vulvas húmedas de lubricante mineral bajo las farolas, veo a ex ejecutivoS con la faca perfilando esquinas y al farmacéutico clavándose la hipodérmica en el ojo derecho. Veo el Apocalipsis en la caja de los supermercados, las puertas de los colmados patrulladas por chulosputas, siniestros panaderos con barras de hierro y porras de goma, gobernantas con antifaz, artistas de mirada desorbitada y mano suplicante. No habrá conciencia, veo.

Lo de menos será la muerte de la que no quieres hablarme y te mantienes alejada, como un horizonte de encajes rosados que no quiere saber del incendio final. Caerá un sol oscuro, una negra luz sobre todos nosotros ¿y te preocupa hablar de la muerte? Estuvo siempre ahí, aunque no quisiéramos verla, acompañándonos suavemente casi todo el camino. Hablar de la muerte es un alivio, la corrupción que viene es más oscura y más infame. No caeremos en el olvido: nos recordarán con espanto.

Ah, cómo me gusta pasear contigo zorra hipócrita. Todo te lo puedo decir mientras paseamos porque ya no me escuchas. Y no es que no me importen tus orejas o tu culo manzanero. ¡Cuánto quisiera recuperarte, ceñirte, susurrarte palabras de algodón en el oído, buscar tu lengua con la mía, fundirme de rosa en tu hospitalaria intimidad! Cuánto quisiera que te cruzases en mi camino una vez más; pero no queda, de todo eso, más que una paralela de mentiras y silencios.

Todo es ahora fingimiento, todo es ahora espejismo. La sombra, el hábitat del espanto, ya se cierne sobre todos nosotros. Y sólo hablando de la muerte tenemos una posibilidad de huir. Volverán los oscuros tiempos de la mística y sólo los elegidos escaparán. Aprenderemos a flagelar nuestros cuerpos y a rociarlos con excrementos para que nadie se nos acerque demasiado. Cubriremos nuestros ojos con láminas de esparto y las manos las ataremos a la espalda para que no tengan la tentación de Onán. Sólo los elegidos, sólo la carne extática del culmen de la corrupción se salvarán. No hay escapatoria: tú sigue soñando paralelas de algodón que yo inventaré el mantra de los malditos. El mundo, ya mandala de sucia geometría, aventura un mañana perverso, y se reirán la meretrices al fin porque se demostrará que nadie es menos que ellas. Callar la muerte es fácil. Lo procaz, lo infecto e indigno engendrarán la luz obscura del mañana. Amaneceres de plomo, crepúsculos inquebrantables, noche todos los días. Callar la muerte es fácil: tan sólo hay que morir.

Om, hom, ojm, ohm, mho, moh, morirhom,
Muertomoh, ohmorto, zorrohm, horrohom,
Patatohom, ohombres, ombrehom, ... Om homete
.

Porque tanto da que calle si el mantra extiende ya el sinsentido, el sinamor, el sinvida, de los cuerpos futuros. No, no me hables de la muerte que ya lo hago yo.

Cavaré tu tumba y me acostaré a tu lado, bella mía. Tu hermoso cuerpo cadáver en vida, tus senos de noche profunda, de elipse perdida en el firmamento, tu sexo implosivo ya y vacío, tu coño homicida bajo tus ojos ingenuos, bajo tus palabras paralelas, bajo tu cabellera de sierpes histéricas. Si, me acostaré junto a ti, y nos abrazaremos, te abrazaré sabiendo que -aunque tú lo ignores- estas muerta. Y rezaré tan sólo: Omm, Zorrohom, Om, Seacabohom.

Que Dios te perdone, porque ya no puedo perdonarme a mi mismo. Yo colaboré con las escuálidas hordas, con el fingido sonreír, con la mentira que ahora nos sepulta. Éramos gusanos y no lo sabíamos. Éramos carcoma, y no lo sabíamos. Sabandijas y mariposas negras batían en nuestros corazones tambores de diástole sombría y sístole despiadada, ¡y sonreíamos!

Un negro cielo sin perdón nos cubre y nos espera.

Om, sólo quiero escuchar: Om.

Pero los ecos de la traición me persiguen.

Bésame, cadáver, y canta conmigo: OM.