Exiliado en vuestra mirada

 

 

Exiliado habito en las miradas ajenas

Prisionero de su perfil que me dibuja

Me descuartizo por zancadas vivas que arrastran laberintos y corazones

 

Me lluevo en el iris de  los atisbos  y, salino,

                     me disuelvo en el lagrimal tembloroso de los ojos.

 

Cuando la amiga negra ponga fin al exilio y me devuelva la concreta soledad del cementerio,

Y la perfecta redondez de mi muerte y la estela biológica de mi cadáver sean ya simiente  que ha de vestir la definitiva tierra

Entonces, desde la cuenca oscura de mi calavera he de devolveros las amables, impasibles, erizadas miradas donde me poseéis cautivo

                                            y os daré las gracias.

 

Gracias, hombres, diré.

Gracias, mujeres, diré.

 

Os agradezco la palabra y la caricia, os agradezco la indiferencia y la ira

Y os agradezco, sobre todo, la mirada

                               por la que transité, prendido, una vida

 

Gracias por haberos vivido, triunfalmente

                                            expatriado en vuestras miradas.

 

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