LOS RICOS DICEN LA VERDAD
LOS RICOS DICEN LA VERDAD
Reflexiona el príncipe Hamlet que “la mano ociosa es la que tiene más fino el tacto”, y no le falta razón. Al menos, no toda la razón.
La sensibilidad del rico se demora en sutilezas, artes sublimes, el trino delicadísimo, perfecto, de la soprano, la perspicacia del rombo surrealista, los discursos intrincados de la teología, la impresionante grandeza de los edificios, el majestuoso perfil de los palacios, la elevación gloriosa de las catedrales, la belleza etérea de las top model, la banderita caritativa de la cruz roja o el espasmo orgasmático de otras caridades. Y qué decir de la elegante curva que traza la bola de golf entre el cielo azul y el verdísimo césped, la plenitud musculosa de los ídolos del tenis, la caída exacta de un traje de Armani, y tantas otras cosas en las que la fineza de la sensibilidad se pueda aplicar.
Pobre sensibilidad del pudiente: las cadenas del “fino tacto de la mano ociosa” le hieren de mala conciencia o de depresión romántica. No precisa para sufrir de la basta sensibilidad de los pobres.
Los pobres no tienen “sensibilidad”; tienen, eso sí, sensaciones, como los animales... ¡pobrecillos! Sienten hambre ¡que sensación tan burda, Señor! ¿Hambre? Eso se arregla comiendo; no como la angustia existencial que me provoca un film de Bergman, por ejemplo. ¡Bah, hambre! Sensaciones bastas, elementales. Sienten dolor por cualquier enfermedad, y les duelen los músculos por trabajar tantas horas por un poco de pan. ¡Morfina y gimnasio, es lo que necesitan! ¿Qué sabrán esos desgraciados, de mis lágrimas en el diván del sicoanalista? ¡De mi sufrimiento intelectual! Si sólo se preocupan de su salario miserable, y del pan que comen sus sucios retoños. ¡Pues no tener hijos, carajo!
Si por los pobres fuera, jamás se habrían edificado las más sublimes obras del Arte ni de la Razón. No existiría la Capilla Sixtina, ni se hubieran levantado las Pirámides ni las Catedrales. Donde está Santa Sofía, habría, a lo sumo, un patatal, y los cohetes no surcarían el espacio, ni las Filarmónicas tendrían partitura que tocar. Los pobres no han nacido para tan sublimes obras. ¡Aún que se les da empleo en la construcción de las iglesias, museos o palacios! Agradecidos debieran estar.
¿No os parece increíble que se quejen? Por que está claro que carecen de la más elemental inteligencia y sensibilidad. Si no fuera por los ricos, carecerían de lo más elemental. Por ejemplo ¿quién les daría trabajo? ¿Quién les proporcionaría su miserable choza, o la frazada con que se cubren las noches de invierno? Sólo podrían vivir en países cálidos, donde no es preciso protegerse del frío y la naturaleza da algún fruto para comer. ¿No os habéis fijado que los países donde proliferan más los pobres responden a esa descripción?. África, Sudamérica, Indonesia ¡Cuánta pobreza! Y es que los pobres, además de ser poco inteligentes son unos vagos; y cuando tienen la oportunidad de no hacer nada no la desaprovechan. Si tienen sol y bananas, ya no trabajan. ¡Y luego se quejan de su miseria, de carecer de sanidad, ni escuelas, ni viviendas!
Menos mal que estamos los ricos para corregirles. ¿Verdad?





abigayl dijo
prefiero que sean los pobres , los que corrijan sus errores - horrores
13 Noviembre 2008 | 07:20 PM