Inicio la actividad: pienso
Es uno de abril. Inicio la actividad. Tras la pantalla del ordenador, el paisaje trae, con la luz, las imágenes del campo y los montes ribagorzanos. La primavera se explicita en el verde de los sembrados. Este año los almendros lucieron prematuramente su flor. Blancas y rosas, vistieron las ramas delgadas y torcidas cuando aún febrero colgaba de los calendarios.
Inicio la actividad. Pensar.
Pensar es una actividad sorprendente. Dicen –y, en cierta forma, creo que es cierto- que el pensar no se detiene. Pienso. Decido pensar. ¿Cómo puedo decidir algo que ocurre aún cuando yo me oponga? Escribo lo que pienso, casi al mismo instante en que lo pienso. Bueno, cuando escribo puedo retornar a mis pensamientos a voluntad. Ellos se congelan en la pantalla del ordenador. Antes prendían su tinta congelada en el papel. Pensar. Inicio la actividad. Decido pensar.
Pero no decido lo qué voy a pensar. Fluyen las palabras, ajenas a mi voluntad. Aunque es cierto que había decidido pensar en algo. Pero libremente, mi pensamiento –sea éste lo que sea- modula nuevas sensaciones. NO, no me equivoco: he dicho sensaciones. Pensar pertenece al ámbito de las sensaciones. Eso me parece. Tengo la impresión de que el pensamiento se constituye de sensaciones hechas palabras. Pueden parecerme bellas o verdaderas. En ambos casos, algo anterior las ha construido, las ha impulsado desde un lugar desconocido al que llamo yo; aunque no ando muy seguro qué sea eso de “yo”, pues cuando lo busco, cuando me dirijo a él, su perfil se desdibuja, se hace intangible, traslúcido. Se esconde en un pozo; más profundo cuanto mayor es mi empeño por encontrarlo Soy incapaz de atraparlo, de detenerlo. Es como el pensamiento mismo, fugaz.
Construyo silogismos porque preciso la sensación de solidez que llamamos verdad. Edifico poemas, porque preciso que la belleza me estremezca. No hay verdad en los silogismos fuera de la que nosotros mismo ponemos en ellos. Ni belleza que no hayamos premeditado. Las palabras nacen preñadas. La verdad y la belleza parecen subsidiarias de algún imperativo vital, relacionado con lo sensible. Decido pensar. Inicio la actividad.
El campo es un espejo donde se refleja el atardecer en las montañas que habitan detrás de mi casa. El sol dibuja sombras, las perfila sobre el centeno. Las palabras dibujan la sombra de mi pensamiento. Un sombra que se mueve. Pronto vendrá la noche. Pero incluso en la oscuridad reinan los pensamientos. Dibujan sueños, pintan con brillantes colores otros mundos. Inicio la actividad. Pienso. Aunque esté dormido.
Todo nace en algún lugar remoto.

Es la necesidad de afectividad lo que nos hace pensar y no al revés. Son las cosas las que dan que pensar, pensar viene de "pesar" o sopesar.
Porque están dadas, están puestas, son positum y por eso dan que pensar.
Pensar es casi como sentir.
Pero la palabra "sensación" puede tener un significado despectivo para mí, sobre todo hoy día en que las ideas se han convertidos en sensaciones. Es la mejor forma de manipular las masas.
No es una sensación o un sensismo cualquiera (el que considera como cosas las notas sensibles), sino algo que tiene relación con un campo de sentidos, con la afección de sentir y la afectividad. Todavía en el mito hay una forma de pensamiento en que la afectividad está presente.
En el comentario de ayer no me refería a una metafísica en sentido estricto sino a un sentido de plantearse las cuestiones trascendentes, como la muerte, sobre todo, y en eso basta un saber pre-teórico para hacerlo, y a veces es más sabio un hombre de pueblo que un citoyen.
Un saludo noctámbulo, a estas horas
Muy querida,
no te falta razón. Si hay que juzgar en cómo se manipulan masas (todos somos masa?) a través de sus sensaciones, entiendo que rechaces el uso que hago de la palabra "sensación"...en cualquier caso, malo debería ser que consideremos despectivamente a la "sensación"...hay que tener más confianza en uno mismo (sin excederse en ello hasta la petulancia y sabiendo que andamos sobre el vacío de la ignorancia).
Por mi parte seguiré usando el término sensación, en sentido amplio: tanto para la que nace del los sentidos externos como la que proviene de los internos (algo así como los definían Hume y otros; por favor no empecemos ha hacer historia quisquillosa...entendámonos)
Por suerte o por desgracia, a mi me es difícil escapar de una concepción dualista (mente/materia). Soy un tanto cartesiano en ese sentido.
Pero, te adelanto, me he propuesto iniciar en este lugar (coctelera) una serie de escritos sobre la introspección y algunas de sus experiencias y conclusiones. Muy desvalorizadas por la psicología occidental (en ocasiones concierta razón), pero prematuramente abandonadas por ella; mientras la larga experiencia de oriente en esa dirección tiene aún mucho que aportar a nuestro pensar. La excesiva dependencia del paradigma empírico matemático, nos ha convertido en adolescentes enamorados..es decir, ciego a las limitaciones y defectos de nuestra amada. Es sugerente retomar otra perspectiva...
Me da pie a ello el interés que veo en aproximaciones a técnicas milenarias de meditación y de meditación en movimiento. Sobre todo me mueve a escribir sobre estos (y más) temas el poner negro sobre blanco los resultados de una experiencia que inicie siendo un niño y que, como un guadiana, han incursionado con intermitencia en mi vida.
Intentaré explicar lo que han acabado siendo para mí algunos conceptos provenientes de oriente, hoy en boga.
Luego, mi utilización de términos como el que, con razón, me llamas la atención, debe seguir tal y como lo he hecho en el articulo anterior sobre la iniciación de la actividad de pensar.
En el ámbito en el que me voy a mover, el rigor del lenguaje filosófico occidental (sobretodo el generado por la filosofía del lenguaje) va a tener que dejar lugar a un uso ambiguo, "tramposo" si se quiere, de los conceptos.
Términos como qi (chi), vacuidad, shi, yo, maya, etc se mueven- en mi humilde opinión- entre el ámbito del mito y el de la metáfora.
Es un pensar, un filosofar, antiguo; que se puede retomar hasta descubrir que hay tras él...o no.
Soy, aviso, un diletante. Mi objetivo es explicarme a mí mismo algunas cosas, y sugeriros, si puedo, otras.
Mi pensar, creo, es más próximo a la poesía que a la ciencia (ese artilugio de dominación, esa nueva divinidad, que algún día habrá que desenmascarar de su pretensión litúrgica y moral)
Un beso.
PDTA: para pertenecer al pensamiento prefilosófico, la Parca a parido mucha filosofía. Renunciar a desentrañarla es una abdicación que mi real y contingente imaginación no está dispuesta a realizar. Aunque esté destinada al fracaso (¿qué otro filosofar no lo está, a excepción de aquél que sólo pretende valorar la congruencia entre concepto, categorías y juicios que sueña vacíos de contenido?)
ESTA COMENZANDO LA GUERRA DE LOS ABRAZOS
***lo acepto de vuelta***
Inmediatamente después de la recepción de este mensaje,
enviar por lo menos a 10 personas,
incluido la persona a que le envió.
- ABRAZOS
-ABRAZOS
-ABRAZOS
-ABRAZOS
-ABRAZOS
-ABRAZOS
-ABRAZOS
-ABRAZOS
-ABRAZOS
-ABRAZOS
-ABRAZOS
-ABRAZOS
-ABRAZOS
-ABRAZOS
-ABRAZOS
-ABRAZOS
Tu acabas de ser abrazado(a).
Y eso que apenas ha comenzado la guerra de abrazos.
Abraza a todos los que tú conoces.
Abraza a tus amigos, tus enemigos, a todo el mundo.
El Abrazo es la mejor señal de afecto.
Eso puede hacer un día que alguien brille.
Todos precisamos de un abrazo.
¡VAMOS A DISTRIBUIR AMOR EN LA FORMA DE ABRAZOS VIRTUALES!
Querido Zenó, estimat.
Tú catalán en Aragón y yo aragonesa en tu Barcelona del alma.
Para más, esto del pensar.
No se puede controlar, apuntas bien al terreno de lo sensible, las sensaciones, una buena treta para llevarlo a lo matérico y tangible.
Petons :)
Hola, Zenon, espero que estés bien. Y te incentivo a ver si la actividad de pensar continúa y se hace algo mas que latente.
Un beso!