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La Coctelera

Zenon, Divagaciones pirenaicas

Pues en nada creo, nada de lo que aquí se expone merece mi fe.

1 Julio 2009

Temblores

 

Temblores

 

Todo se viste de noche y disimula cuando

Te acercas a mí

Con esa dulzura

 

Las estrellas se funden en el negro cielo

Se arropan con los planetas

Y con la brisa que juega

Y sonríe

Que acaricia

Y se desliza por tus cavidades inconcretas

Donde ya tiemblas.

 

Eres en mis dedos

Como la piel del rumor que enreda en las olas

Y trina con las espumas del mar adonde

A nacer fuiste ayer

Tan cerca de mi corazón

Que ríe también

Y contigo tiembla.

 

Todo se viste de noche y disimula cuando

Te acercas a mí

Con esa dulzura.

Tags: amor

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26 Abril 2009

Rebelión de la muerte

 

Rebelión de la muerte

 

Debes torcer el destino hasta arrancarle las entrañas, o hundir su impasible rostro en  el fango de tu escueta libertad.

Ser  Hombre te obliga.

Precisas la fuerza suprema de los astros, el poder de las partículas mezquinas de la avaricia y la más artera ruindad.

Eres el Hombre.

Lanza tus puños, golpea en los altares, patea las imágenes esclavas, escupe sobre la mirada de la virgen que pretende tu libertad encerrada.

Eres el Hombre, desdichado ser.

Nada te basta, nada, pues de muerte estas hecho.

De muerte te levantas todas las mañanas, hombre, y de muerte te acostarás todas la noches hasta la noche eterna.

Te constituye, desde el polvo, un anhelo de cementerio.

Mañana serás sólo un suspiro entre los muertos y tu descarnada sonrisa prestará definitivamente a la tierra sus elementos.

Por ello debes torcer el destino, arrasar los calendarios escasos que te han sido concedidos.

Tu crueldad nunca será tanta como merecen las impávidas moléculas que hoy te trazan y mañana te desmantelan.

Perfiles de cumbres perfectas, dibujados en el cielo que te han de quitar, gritan y ríen si te ven pasar.

Hombre eres que pasa.

            Y yo digo: ¡pisa, písalo todo!

            No dejes nada

            Sin escarnio, carne sin hollar,

            Lágrima sin burla,

            Llanto sin afrenta.

Guárdate de la piedad prometida que te hurta la vida.

La piedad pervierte las caricias y corrompe el sagrado santuario del exacto instante.

Hunde la mano en la tierra ¡encontraras heridas!

Y silencios que te esperan.

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24 Marzo 2009

LAS HORAS

 

            Aquella hora vino a verme. Un día como tantos, de uno de tantos meses y tantos años. Pero vino a verme aquella hora aquel día de aquel año. Coqueta, luciendo su vestido de volátiles segundos, de instantes que se abrían como se abren las flores en primavera. Al pasar la puerta, con un frufrú de péndulos, me tendió sus redondos brazos de minutera; guardaba en su mirada recientes fulgores de cenit, pues era, me dijo, novia encendida del mediodía. Entre un tic y un tac me dijo hola. Entre otro tic y otro tac, me contó su historia.  Nacen las horas corriendo, me decía, y galopan como yeguas enamoradas hasta el último, agotado segundo. Se afanan por el rabillo del ojo de hombres indiferentes que las habitan con desaliño. Tienen las horas, en el alma, páramos de olvido y sotos florecidos. Son grandes y son pequeñas, las horas en su extravío. Se sabe que mueren... cuando ya se han ido. Por que las horas -me dijo aquella hora parlanchina- igual viven buscándose dentro, que trepando montes o cardando nubes. Viven solas las horas; es sabido que jamás coinciden dos de ellas. Ni la tuya y la mía; que la tuya es tuya y la mía salió galopando sonrojos cuando yo anhelaba la carne sincera. Por eso es que buscaba mi mano evadida y compañera. Así me lo decía aquella hora pasajera, que me visitó en mi casa aquel mediodía.

             Partió  y se fue al pasado, que es el cementerio de las horas perdidas. Yo le guardo un luto de diarios y poesías viejas. La busco, a veces, en mi reloj de melancolía, en el arco sombrío de las manecillas del reloj, en la lágrima que siempre está a punto de caer y no osa. 

             Sé que no ha de volver.  Salió con sigilo, cuando llegaba otra.

Tags: tiempo, soledad, ser

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22 Febrero 2009

VIVIR

 

VIVIR

 

Arrancar del alma esos ojos bovinos

                     estultos y satisfechos, extirpar raíces ancladas en lo concreto.

Sembrar poemas inciertos, vivir

                     rompiendo, arrancando del suelo las trémulas eternidades que palpitan solas

                     abriendo surcos en el aire y en las amorosas  tinieblas, dándote la mano

                     para sentir tu piel sucia, las arrugas que te surcan bajo las sábanas oscuras.

Ojos bovinos, pretéritos, preñados

                     de heridas, sarcasmos como tempestades como oleajes impíos, miradas

                     que me trazan como cuchillas desesperadas, corvados extravíos.

Y quiero salir, vivir

                     incendiar la placenta que me retiene, romper cadenas

                     inaugurar de nuevo un túnel madre, alumbrar concepciones

                     inflamar un Sol donde ardan los puros llantos y las risas doncellas.

Y vivir.

Mas los ojos, esos ojos bovinos

                     estultos que me amarran

                     ¿quién los ancló así, cuando nací

                     en el fondo de mi alma?

Para vivir me pesa su mirada

                     y me encierra, y me ordena los minutos, cabalga las segunderas que giran

                     y tejen la sistólica danza de los corazones y aprisiona la asombrosa

                     diástole universal.        

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13 Febrero 2009

Almendros en la Distancia

Paseas por la mañana estos campos de la Ribagorza, es un día soleado de febrero, los campos ya verdean, y en la brisa flotan premoniciones de primavera: la blanca nieve de las cumbres recorta ángeles albos en el azul intacto del cielo, y las ramas secas de los almendros se estremecen por dentro

.

Llevarán flor para San José.

Almendros en la distancia.

Observo de cerca sus ramas secas

Son los dedos del invierno que levanta el almendro al cielo

Ramas secas que sueñan primavera.

Y me alejo

Con pasos lentos.

Sube el sendero como suben los días

Escalando la final monotonía

De una vida

Y me alejo, buscando el cielo

Buscando el aire del recuerdo, las brisas

Que fueron música

De otro tiempo.

Y retorno la mirada, los ojos marcan

La dirección que dejo a mis espaldas

Donde se confunden las ramas y se difuminan

Primero son los grises y al fin

Sobre los bancales y en los prados

Tendida ya la verde hierba incipiente

Se abren grandes flores moradas

Son almendros en la distancia.

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8 Febrero 2009

Los Días la Parca

 

Los Días

.

Corres

   Corres tras la luz

      Y corres tras la oscuridad

           Perdido

                  Naufragado

                                   Solo.

 

Sabes que el mundo se perdió entre las sombras

Que las trompetas de  luz se ahogaron en el horizonte

Mientras el crepúsculo tendía sus amorosos dedos en pos

           Del eco de tus espaldas

           Del brillo de tus lágrimas

           Del ínfimo temblor de tus labios

           Y el doliente vestigio del amor

 

Tus labios, sí

                       Mariposas de dolor abiertas en el vacío

                       Rumor de río entre dos heridas

                       Sangre que se busca en la palabra.

                       Y en el cauce de los calendarios

                                                                       se busca

                    

Y corres

   Corres tras la flor evanescente de la noche

                Tras la promesa que asoma en los amaneceres

                                         Y  encuentra la muerte de los ocasos.

 

Tiendes una mano invisible

Cuajada de ilusiones rotas, abandonadas.

Quizás la deseas, la muerte.

 

Tus caricias desmanteladas

Cubren ya los caminos de las horas

Los minutos que te faltan

 

 Y tú corres

   No puedes hacer más, desear otra cosa

         Tras el camino se halla el camino

                 Tras el ocaso, la noche tiende sus lazos

Sus brazos te rodean mientras suena el son de las estrellas

Ya vendrá la mañana encinta de finales

Ya vendrán las horas preñadas de ataúdes

    Y los niños que no tuviste

           Gritaran el silencio que te espera.

    Mientras tanto,

                       Corres.

 

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5 Febrero 2009

EXILIADO EN TU MIRADA

 

 

Exiliado en vuestra mirada

 

 

Exiliado habito en las miradas ajenas

Prisionero de su perfil que me dibuja

Me descuartizo por zancadas vivas que arrastran laberintos y corazones

 

Me lluevo en el iris de  los atisbos  y, salino,

                     me disuelvo en el lagrimal tembloroso de los ojos.

 

Cuando la amiga negra ponga fin al exilio y me devuelva la concreta soledad del cementerio,

Y la perfecta redondez de mi muerte y la estela biológica de mi cadáver sean ya simiente  que ha de vestir la definitiva tierra

Entonces, desde la cuenca oscura de mi calavera he de devolveros las amables, impasibles, erizadas miradas donde me poseéis cautivo

                                            y os daré las gracias.

 

Gracias, hombres, diré.

Gracias, mujeres, diré.

 

Os agradezco la palabra y la caricia, os agradezco la indiferencia y la ira

Y os agradezco, sobre todo, la mirada

                               por la que transité, prendido, una vida

 

Gracias por haberos vivido, triunfalmente

                                            expatriado en vuestras miradas.

 

.

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6 Enero 2009

Flor de Suceso...

Mundo, flor de suceso.

Flor de suceso te hice. Fugaz existes. Eres estallido o murmullo que se pierde, que recorre las callejas, y dobla las vueltas del Palacio de la Música o del Liceo, e interrumpe a la soprano cuando un trino eréctil asoma a sus labios. Flor de sucesos me llamas.

Sol de suceso. Iluminas instantes, alumbras sombras, alimentas entrañas y doras las dermis. Una luz muda, un relámpago silente, un trueno sentado en la médula del ser. Un destello de iris fugado en un parpadeo. Sol de suceso me iluminas.

Campo de suceso. Emerge el mundo por que tú lo invocas. Es una vez y otra, y otra, y otra más. Toma forma y desaparece y retorna. Un horizonte renacido te contempla desde la altura pirenaica, desde el arco celeste de los mares, desde la cola del cometa que curva los firmamentos.

Átomo de suceso. Esfera sólida, órbita mineral que me funda desde dentro, y sustenta la frágil arquitectura de mi cuerpo. Múltiple infinitésima que me inaugura. Ya encierras en tu núcleo el ataúd de las dispersiones. Para siempre me iré cuando tú te derrames, átomo del suceso, en otros cuerpos.

Sólo suceso. Y ya eres Universo, Cosmos, Mundo, por que tú lo inauguras y lo sustentas todo en tu fugaz estallido con el constante murmuro de tus encuentros, con el prodigio evanescente que te multiplica. Prolífica soledad propagada; sola muchedumbre. Suceso solo.

Espejo de suceso. Abarcas, avaro, perfiles, gestos y sombras. Reluces con la nada y desde la nada te creces y nos generas. Y engendras color o matiz, sombra gris o noche arco iris. Un tapiz irrumpido de ágiles, puntuales pinceladas. Pincel del suceso eres.

Almanaque del suceso. Historia. Pares por impulsos instantes compactos, duros y evanescentes. Pares la cadena imaginaria e insinúas el aliento que la sujeta. Alma de eslabón y extravío cabalgo sucesos que me edifican. Puentes Suceso en la memoria, nada.

Daga de suceso. Rasgas, hieres el justo tiempo en el lienzo concreto del espacio. Eres la misma punta del cuerno y pesadilla fugaz del rejoneo. Una caballería armada se detiene en el brillo de tu espada que sin sangre hiere; mas anega el Universo, toro estampado de estrellas. Suceso en el corazón clavado.

Horizontes de suceso. Innúmeras veces herido de suceso doy un paso y otro, y otro más. Pasos que llevan al definitivo suceso, último acto al que no asistiré. Pasos, pequeños horizontes; minúsculos. Y de horizonte en horizonte recorro calendarios. Metáfora viva del suceso.

Figura, geometría de suceso. Perfil de cuchilla cerrada. Garabato del segundo que ilumina mis ojos. Trazo singular que abarcas el color del reloj y la luz del relámpago. Fugaz acrobacia de linde o minúscula frontera que dibuja el mapamundi en las miradas.

Corazón de suceso, latido singular. Diástole de luces o sístole de noches que retumba una sola vez y huye abandonando los ecos. Un gong crepuscular en el desierto. Un disparo certero que hiere de yerma soledad mi pecho. Pálpito que me aferra y me abandona. Pulsación indivisa que me atruena de una sola vez.

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